Bienvenidos A Sor Juana, su revista amiga
Evocando cierta escena de una célebre película protagonizada por el icónico Rocco Siffredi –que no mentaremos aquí para que no caigan en tentaciones e-zappingueras- en la que el membrudo protagonista mete compulsivamente la cabeza de la actriz sodomizada en la taza de un water rebosante de agua hasta alcanzar ambos el éxtasis de amor, la revista Sor Juana, de la que me honro en ser Sumo Sacerdote y guardián espiritual, pretende ser su guía tal vez menos ortodoxa pero al mismo tiempo menos enfática y rutinaria hacia, sino el éxtasis propiamente, la búsqueda del mismo mediante la exigente disciplina de la ascesis. No hay mística sin ascética, y en Sor Juana, su revista amiga, no vamos a ahorrar medios en proporcionarles los aparejos doctrinales que le preparen para la meditación trascendental y la ulterior y eventual unión con el Altísimo. Nuestras hermanas y queridos colaboradores seglares han preparado un cóctel representativo y eficaz, totalmente puesto al día, para satisfacer los golosos paladares de nuestros exigentes lectores.

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No pretendemos dar una anacrónica versión de lo teológicamente correcto, y en esta página, donde las cosas no son todas tal cual parecen, tal vez hay alguna alma descarriada de la santa vereda de Dios, pero qué le vamos a hacer, pues como dice el Evangelio es preferible dejar solo el rebaño para ir a la búsqueda de esa oveja que camina solitaria hacia la perdición y una lenta consunción entre vicio y pecado. Por eso, réprobo lector, “mon semblable, mon frère”, porque al igual que nosotros conoces los misterios divinos y sabes que los designios de la Providencia son impenetrables –no así la cavidad rectal de la compañera de reparto del gran Rocco, inspirador en la sombra de nuestros, si bien en campos antagónicos, vanidosos delirios de grandeza-, hermano que te debates en el tedio y buscas la iluminación, el rastro imperceptible de la unión mística rebañando con las uñas los últimos miligramos de una ampolla de MDMA o inclinado sobre un capó impregnado de rocío en la fresca madrugada con un hilillo de espesa sangre manando de tu maltratada fosa naso-abisal. Porque Dios también está ahí, y en esa efigie vetusta del extinto Fido-Dido, cuando su inequívoca faz competía con la de Homer Simpson o el logo de Mitsubishi hendida sobre erráticas pastillas de éxtasis adulterado. Sí, Dios existe, y también existe integrado (y apocalíptico) en el horizonte infinito de la química inorgánica.
Queridos lectores de toda laya, lectores de mohín adusto, lectoras de mesa camilla, lectores/as admiradores de San Rocco (y sus hermanos), lectores arrepentidos que vienen a consolarse a nuestros brazos acogedores llenos de amor, lectores arrepentidos de haber entrado en nuestros dudosos dominios, lectores de toda condición, sabed que Sor Juana cuenta con todos y cada uno de vosotros y en su piadoso regazo hallaréis refugio si no salvación.
Ite, missa est
El Sumo Sacerdote
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